“Que sí, que quiero”

Que sí, que quiero.

Involúcrame en tu destino

abrázame abierto con las manos para dentro,

y tus entrañas en el pecho.

Sosiégate sólo cuando hayas muerto.

Y por las delicias de este fecundo,

incierto, mundano, altivo siervo,

condénate a la servidumbre

de nuestro lecho.

“Super-poetas” todos


 

Volverán a soñar los insomnes,

los locos de esquinas rotas,

los silenciadores del baile orgiástico

con colores del país inhabitado.


Las damas del siglo pasado

aletargadas en sus pestañas

de Muerte, en su origen de Muerte,

en sus labios de más Muerte.

Que no ven , que ríen, descarnadas;

los galanes, amenazantes, con trajes de ladrones

y miradas como armas.


Volverá a soñar la princesa de paso quedo;

los que enmudecen en la costumbre y andan rápido

en un entero ajetreo de indisoluble contingencia.


Continuarán construyendo por puro oficio

por pura inercia, marcarán los cimientos en el aire si hace falta

y tapiarán el cielo a martillazos

con columnas negras de periódicos

de lo que más crudamente fue ayer

y quieren creer que es hoy.


Soñaremos todos!!


Soñará  incluso quien pervertido

oniriza el mundo con tinta frutal,

emulación fatal

de la brutal sangre.


Soñaremos todos el renacer.


Hablaremos con el gesto,

amaremos con palabras.

Fábula del lector


Se despierta en un laberinto de libros:

columnas gigantescas que cierran su horizonte,

que alienan su mente en el vasto territorio entre líneas.

Hasta que un día encontró un número de página final:

las hojas se deshicieron de su integridad.

Voló todo por la habitación y la tinta se manifestó

 un segundo en el aire.

En un pestañeo  dos milenios de convicción cristiana se esfumó.

la Historia era una última mota de negrura tintada en el aire que terminó                     engulléndolo

en la inexistencia  de lo invisible;

 fueron los versos de amor un brillo final que deslumbró al lector, al ex-lector:

Se abrieron en dos las paredes

– instante en que descubrió que eran blancas,vírgenes.

 Se desplegó ante él el horizonte despojado de claridad,

despejado de nubes blancas y algodonosas, de soles radiantes o azules plenos. Se encontró un ocaso perpetuo, un sol bañado en un color rojo vomitivo

-impregnaba el aire de  muerte-, el ojo, inyectado en sangre miraba con desolación en una agonía permanente.

El estupor, el sentido de vértigo invadió en instantes su cuerpo,

fuera de sí lloraba incontenible,regurgitando el dolor de haberse ausentado, purgando su culpabilidad,increpando a los culpables, maquinando barbaridades, cosas tales que ni entre líneas hubiese leído jamás.


Miró atento aquella imagen, se armó concuchillo y balanza y se lanzó contra ello que no era si no lo que vería para suposteridad.


El primer adversario que encontró fue un monstruo vestido de rojo repleto de inmundicia:

 treslingotes de oro, tres cuerpos humanos decapitados y, en la mano izquierda, un libro llamado “Confabulación para la Mentira Común”.

 Sus artes,entre sonrisas, le hirieron mortalmente, sus ojos quedaron nublados, sus sentidos disminuidos.

Escuchaba el eco de sus risas malvadas,recitaba  fábulas de su libro  e iba balbuceando palabras para que se acercara, pues su cabeza le era preciada.


Se retiró, no vencido, sí malherido, a reposar en una cueva, vivió apartado de todo, el horizonte perpetuo continuaba ahí,y en él se centraba cada respiro.

Fracasó su balanza y su cuchillo de aliado, hurgó la memoria, hurgó su pasado, y en él halló la solución a su lance.

Su vista era nueva, sus oídos aún escuchaban aquellas maliciosas palabras, pero era inmune, o al menos creó un escudo  impermeable,

se enfundó una armadura de puntos finales.

Reconsideró su  partir inicial,

 volvió a aquella blanca habitación y rebuscó la tinta que había desaparecido, pero nada encontró,

en el aire se había fundido

– en  aquella habitación desapareció, se unió con la realidad,  reclamó  su semilla la Vida misma.

Decidió entonces trazar nuevas líneas en las paredes- alentaban al desvarío-,

escribió con sangre y a ratos vino, aquel camino que tomaría.

Creó en un instante con los años que tenía,

 su vida, la tuya y la mía.

Decidió crear, como arma letal, su propia biografía, en que ya estaba escrita hasta el día de su muerte.

 

Si  dejó ciegos el adversario, tan inhumano, y escuchando susurros de libros malditos a tantos, él conseguiría, a viva voz, aliviar y rescatar de aquel ocaso a todo aquien sin rumbo y sentido caminase hasta la decapitación.

“GREMIDO”

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Te haré sentir extraño en las yemas de mis dedos,

la sangre no te calentará, será…

agua de mar en una perpetua marea crecida

Y hablaré, asiéndote del cuerpo entero imbuido

en  un estado sublime de éxtasis sagrado, diciéndote:

“Ebrio, Marica, bigardo”.


Y tus labios sabrán reír

con la histérica maleficencia del placer.

Encontraré en tu alma los brillos de vicioso,

enjuagaré mi boca con tu más preciado tesoro carnal,

jugaré a la fiera  y su colmillo

danzando en la carne hendida,

hollaré el silencio de la noche

con el temor satisfecho de lo insatisfecho y vedado.


No verás más que al sueño, las vagas nubes

de la droga del deseo,

el tuétano del sentimiento.

Y con lágrimas en los ojos

dirigiéndote al mundo, tan pequeño,

existirás diciendo:

“Te quiero”

Pájaros mentales

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Ya no es sino plumas

el pájaro

que convertido en calavera de un fantasma

vaga   de confín a confín.

En algún tiempo,

que ya no recuerda,

le pusieron nombre.

Tal vez Beatriz,

quizás fue un niño,

y entre el fuego

le llamaban Darío.

Los restos de su ser le responden

como ecos sin voz,

sólo conciencia:

fuiste demonio

y Némesis cantan aún

los yertos labios

de los protagonistas

en su escena final.

Un final en blanco

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Ni caminaba ni saltaba el monigote:

estaba  sentado encima de un punto.              Frente a él un blanco casi total,

                                                                                                                                                                                                     por la derecha una línea recta, infinita;

por la izquierda, una línea zigzagueante.

El monigote monipensaba,

                        monimiraba,

                                                      monidudaba:

           moniesperaba!

Tanto tardó en monigotear que todo se hizo blanco

(No se podía esperar más.

Era un monigote).

La Diosa Muerte

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En medio de pinceladas  cómicas
apareció una sonrisa macabra;
la ciudad se hizo cementerio.
La muerte: una Diosa triunfal,
capa púrpura, ojos vacíos y puñal,
caminaba con los Hombres,
se reía de los Santos, de Todos.

Parió la Noche engendros:
huesos blancos,con reflejos de Luna;
narices amorfas,graves, afiladas, puntiagudas.
Ojos con tinieblas: cuerpos vueltos al revés,
cuerpos sin manos ni pies, diablos vestidos de mujer.

Las miradas bajan hasta el fuego
se consuelan en recibir afecto, dolor y sexo;
lascivia en las miradas, se alzan las faldas.
Triunfa el vicio del espiritu corrupto, más grande
ahora que el resto que es luto.
Se rió el Caído, porque ayer fue celebrado
pero hoy ha revivido.