El Orfebre

Hilvana delicadamente  cada centímetro,
aire inspirado y exhalado en boca ajena.

(Los peces de las palmas siempre
juntos en el mar, en el viaje sin remos;
no hay islas perdidas, el marinero Tiempo,
sólo canta sin maldad la sirena)

Unge de oro y plata cada verso de la saeta
colorada erupción el aura que los empapa.

(Busca envanecido en los rumbos de poetas
discrimina a la ciencia, se refugia en la arena;
verterás vino, ruptura colorida  para crear
en tu solsticio  el oasis de Primavera)

Tintinea el cincel, y con más ahínco trabaja
que no es alhaja, sólo dos labios en beso:

Desmiente. Demuestra, decora que lo hecho con tus manos
será desde ahora hasta siempre reflejado  en fuentes de Aurora
que sea conocido sobre la muerte como Victoria.

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Parpadeo I

Se enciende la débil llama.
Arremetes contra mí o contra mi alma:
los besos saben a la pasada luna,
irreconocible con su cara oculta.
Cantas a tu manera el romance,
en la noche caballero  tu cuerpo canta,
tal vez sean tus entrañas, tal vez…;
sumido en el extranjero ensueño,
evado y malaprecio
los regalos en las sábanas del lecho.

La frialdad de lo prohibido, ausencia en  ti escamoso ser
En momentos,  Piedad y Compasión batían sus alas,
guardas de un retrato de alimaña.
¡Orfebre cerebral, hilandero de locuaz filosofía,
desmiente el patetismo de tu mirada!
¡No parpadees!
¡Sé humo!
No lo consIgues,
aun peor, más  te enredas
en el descame  sin atractivo.

Tal vez no tenga ningún nombre concreto,
un adjetivo ligado entre dedo y dedo,
la bocanada que, repleta,
devuelve al suelo el pie del hombre;

pero las briznas suplican atentas
que sean arrancadas por la mano fuerte
los labios se tuercen en inmudable gesto
y se empañan los ojos
con el rastro de TI,
de tu pecho, fulminante destello
que deshace al muerto, al loco.

Y dejo que la nostalagia no me lleve
por sentirme en brazos tan ajenos.

León volador o desasosiego

Triplicas mi dosis máxima

eres estampa de éxtasis permanente

consternas la piel y la deterioras de gritos.

 

En el fuego de este infinito abrazo

se desploma la melodía del latido,

el  garrotear continuo

de esta maquinaria.

 

Desciendo al infierno mismo

para verte un segundo, y confundo lo que Es

para saberme mintiéndome y acercarme:

“¡Consúme!” A cada instante Eco hago.

 

Y aun así, es la fragancia

que me suicida

la que aparece en restos

entre estas  uñas.

Madre Luciérnaga

 

Crece ajena al paso del deambulador.

Inhiesta, con las velas hinchadas,

navega silenciosa en su mar de luces,

sigue su iluminado camino

con haces de su propia cosecha.

Canta  a ratos laudes de tiempos buenos

y nostálgica, se ríe,  irónica

con risa de chiquillo.

 

 

 

Amamanta a los lobos, y salvaje,

con aullidos de carne, punza la noche.

Fuiste amiga de  los malos hombres;

a los poetas los criaste en su beber

obscena absenta y sus pensamientos espirituosos.

Quéjate ahora de que ya no eres quien eras,

que han mudado tu nombre.

Hija con mil apellidos.

Eres la bastarda que han dejado los libros.




Sigue riendo, vieja sin edad,

que los mortales,

desde los senderos no marcados,

hablamos de todo

pero siempre te llevarás

el verso más sonoro.


En la madriguera

-Recubres el pelaje con el cuero del vencido, importunas

a la muerte con lamentos sin tener heridas;

alzas monumentos al buen tiempo, y lloras para no aburrirte..

Desquicias los dientes en sus rieles

atemperas en su cauce al magma candente

y a la siringa la haces, del amor,  su sepulturero

callas a las bestias, y en el nido matas al bastardo

-añade mas locura a la vida, Heráclito!-,

descarnas al aire y lo dejas en espanto

para colmarte con su llanto que es tu propio llanto.


Y caes por caer, por visitar el crudo abismo,

y caes por volver, porque en el eres

y en el naces, y no creces, porque ahí pierdes,

ahí olvidas: ahí nace de la vida la ilusión,

en la inacción te pierdes,

en vivir ausente, sin sentido, sin emoción,

destruyendo soledad; deléitate

sabiéndote su rey,

y acata sus leyes sin más freno que la laxa

acritud del inmoral que se diluye en lo moral.


Seguirás cayendo repetidamente

por  el pétalo marchito de la última flor

que dice, rompiendo tímpanos, <<No te quiere>>.


-No, no vuelvo…

Como fuego fatuo

Acógete a lo profundo, entre azúcar y canela,

entre la floresta de dulces y familiares caricias..

Yo te esperaré cuanto necesites para asegurarte

que mis ojos no guardan ningún oscuro lugar,

te esperaré hasta que aquella arruga que cruza mi frente

sea para ti el vestigio de la sonrisa que dejas como estela,

esperaré en el  oscuro río

y  cada segundo en  mi boca perdida de tus labios

será un trago de café del río,

el amargor del perdido momento

en que estás, si no fuera de mí,

en el último suspiro del día, en la última gota del río.

Emperador amante

 



Buscando consuelo se arrimó el felón.

De la caricia en corazones ajenos

arribó al más estrecho cerco de intimidad.


Descosiste la bandera apátrida,

me  detienes  en un puerto, máxima cerrazón

en que la pasión dejó

su oficio,  enclaustrada con ojos vidriosos.

Tirana, sin control ahora es

una concubina venida  a más

en el trono de un emperador.


Indigente, trotamundos, fruto de la imaginación;

él gobierna ahora en el cieno

de un punto, seas santificado,

 luchas con cruz,

 marcas un panteón.

¡Conmúenvanse idiotas!


Nacisteis con más ojos que nueve,

 la regencia del Mundo en vuestra frente

sosteníais , ¡Titanes!, el Futuro a espaldas;

  todas las posibilidades  con la mirada.

Vuestros pies bañados por la reina

de los tesoros:

Una Ninfa, una ciénaga,

verduga farsante, sin caperuza,

sonriente, decapitadora.


Gloria en un segundo,

para vuestros días, nada.


Sometidos al inclemente sonreír,

pisáis la almohada y eleváis

los dientes a estrellas:

¡Andáis por un mar de huesos!


Desherbad la impudicia,

cosechad maldad

engarzada en el hilo cotidiano

De  Muerte de Verdad.


El mar acogedor

irrigará vuestros errantes ojos

y de vuestras manos limpiará

lo que en silencio,

agraviando a la sangre,

a la Tierra y al polvo,

masticaís en los charcos,

parcelas que no ofrecen rostros.


Naced, acabad con todo: Renaced,

pero no neguéis.

Metamorfosis


Saldrá cuando no la esperes

la sensación de triunfo;

tal vez la encuentres en una despedida,

en aquel sueño de infancia

en que veías a todo el mundo

desenmascarado

y no eran horribles.


Descorcharás el olvido:

 desatarás tus tentaciones enteras

desde las que, en cárceles,

no pudieron ser libres

hasta las que aprisionaron

unos demasiados  “tus”,

demasiado ajenos.


Desenfundarás los cantos,

 te defenderás con poesía.

Apostarás por el amor,

aquel que jamás nadie escribió,

aquel que jamás nadie escribirá.


Dirás:

rompedme el pecho,

traspasad mi ceguera,

silenciad a dios,

Matad al insecto

que por las entrañas

de fierro y carne

inutiliza la vida.


No te darás cuenta,

pero en una pisada atravesarás

la visión de todos;

 quedará sólo

el cuerpo viejo,

remedo de culebra.

Escombro sentimental


Dirás que el cielo ya no te guiña sus ojos

 que no es calor el humo después de la tormenta.


Dices que lo que se rompe ya no tiene vuelta

que lo que decías sentir  era frágil porcelana,

que los aullidos de los gatos son familiares

y el rugido de mi boca no acuerda con tu voz.


Digo que el cristal es roca, y las tormentas borran,

pero llaman al  sol.

Que la porcelana es delicada

pero cálido  el león.


Dije:

ya no importa si el cielo es ciego,

sólo que nos marchitamos,

y marchamos,

indiferentes, y mudos

hacia donde no nos quieren.