Breve risilla

Cómo no decir de los nombres horrendos

son dioses de culturas pasadas, íntimas

bromas de pescadores o caprichos del hombre.

Herederos risueños de casas

                                                                                                                      con patios familiares,

señoras y señores que compiten

con los jarrones y sus rosas de plástico.

No tendréis torres de marfil o hierros solemnes,

como sombras de culto

o carbón en exposición.

Pero tenéis aparte de nombre

el humor de las cosas pasajeras

que llenan el aire de frutas desde el Génesis prohibidas.

Invadan , sujetos e individuas, con sus nombres

de cosas, de planetas, de flora,…-¡que envidia!-

todos los campos ,

las plazas …

y desde los balcones lancen

la miel matutina

fresca desde vuestra piel

y vuestras venas.

Sus nombres

Son don de Alegría.

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No sirvas: piensa!

No sirve tu codicia para aumentar mi Imperio.

No sirven tus ojos vacíos para mi armada cabeza.

No sirve la entrega a tu causa perdida.

No sirve el talento en el estéril terreno.

No sirve ser alguien entre tantos que son lo mismo.

No sirve amar si todo se comercia.

No sirve la mano si eres sujeto.

No sirve la vida si piensas en servir:

No sirvas.

Piensa

-y mucho.

En el aire y su incierta presencia.

En que los amantes son más amantes después de que la lluvia cesa.

En el correo nocturno entre los pájaros, los niños y viejos.

En la mano dadivosa, los ojos girasol y la sangre de fiera.

En el fuego que consume y  refleja  nuestras  caras

asombradas del mundo que nos espera.

A Sara María

 

Viajera de por vida,

desde tu puerto escondido

entre tus manos y tu pecho

te diriges en algarabía a todos los suelos;

A los hombres que dejan su huella con sangre

y sus esfuerzos esculpidos en la roca de su cielo.

Andas  con el pañuelo de las grandes victorias

y la risa de haber cruzado tus abismos.

 

Acorazada, vasalla de la Justicia,

atormentas al mundo con tu ansiedad de pureza.

Tu falda de acuarela y el rojo de tu sangre hirviente

son el pincel con que tus lances

demuestran a todos

tu origen de Tierra.

 

No te pares   en las esquinas de gente hueca.

No desfallezcas porque tu camino está repleto de grandezas.

Mis manos siempre tendidas: armas para ti.

Y estos dos labios que, estés  donde estés,

dirán con gran alegría, como dicen los niños

con la boca llena:

“¡Ñaña , camina, camina. No te detengas!”.

 

Ansiedad carnívora

La carne fresca , sanguilonienta, tiñe

todo cuanto toca y  lo cubre con rubor;

Del mercado el manjar del que todos

con dientes y garras quieren un bocado.

Frenesí  del predador, del feroz su presa.

 Cuchillo masculino de filos febriles

amenazas la cordura del sabio,

y hostil y sanguinario  truecas

en bestia  lo más humano:

al hombre  en carne,

los sentidos vuelcas.

Y  me tienes

mordiendo

tus labios.

(¡LLENO DE SEXO

OLOR QUE DA UNA VORAZ HAMBRE

FUNDIENDO LOS HUESOS

CREANDO NUESTRO CUERPO

EN LA SIMBIOSIS DE TODO

QUE CUANTO MENOS ES NUESTRO PRIMER CAOS!)

Beso perpetuado

 

La noche me restriega la afabilidad del frio

y comento con la lluvia y el caballero

de capa y espada

-en una balanza el corazón-,

 

qué más peso tiene en un trozo de carne.

Y por más que engañarme intente, fue un beso

el mayor enemigo de los labios y el pecho.

 

Al elegir los incontables besos que caben

en una camisa de caricias y fotos viejas,

hallé sin más remedio en las sabanas pasadas

tres pares inolvidables.

 

 

Beso blanco de ternura, núbil hijo de Cupido, el tuyo.

Beso oscuro de tabaco y café, Hades amigo eterno, cotidiano.

Beso críptico, de la palabra, hijo de Baco y compañero de Apolo, el que en todos busco

y por segundos en alguno recreo.

 

 

Carta teatral en tres estrofas

Estrofa I

Paisaje de pieles y extremidades

con la mujer y mis hijos entrego.

Fuerza inhumana de la humana convención

 terminar en prisión del lecho conyugal,

¡en cenizas me vuelva el fuego!

Efigie malhumorada, que te he de decir

amigo, cuñado, hermano,

cercas con ferroso brío

cada hilo de pensamiento, la palabra

y sus adentros.

 

Estrofa II

Vivaz presa del Destino,

buscando consuelo en mi sangre llegas

y no sabes que en mi pecho los ríos vierten

una cobrada venganza: llantos de desamor.

Por tu honor me pierdes, por tu honra muera.

 

Estrofa III

 

Siendo tú el infortunado moribundo,

presa fatal de mi ficcional espada,

al caer sobre el suelo suplicante

del teatro del mundo, cómo es que

siento la locura en el instante;

pues tus ojos me tiendes y

no sé hacer cosa sino amarte.

Y con el mismo esfuerzo que el guión me fuerza,

                                                   me fuerza la vida a vengarte en mí.

¡nuestras vidas y muertes se junten en la misma espada!

 

                                                                                                                                                                                    A don Alfonso, mi Amado cuñado.

 

Cae el Telón

“Memento Amor”

No  me llevaré los abrazos en el equipaje,

los besos se quedarán enterrados en la noche,

y  todo para ti será: el más hondo silencio

y  ninguna palabra de desprecio.

 

Hoy camino y ya soy sombra, ningún rastro para que me sigas

ni la huella  a lluvia de mi pecho, ni la suave ondulación que peinaba tu centro.

Desecho los recuerdos, uno a uno los lanzo al viento

para que nadie los vea ni yo los  retenga.

 

Incendio en mi vida tus caricias y sonrisas,

tus tímidas palabras cargadas de romance

que hoy acompasan el silencio que te dejo,

porque sordo en mis adentros, no cargaré con tu nombre muerto.

 

Con Silencio, Partida y Memoria Muerta ofrendo hoy tu cuerpo,

las cartas de mi derrota, las canciones de combate y pasión,

son hoy los regalos de tus exequias.

 

 Amor fallecido.

No serás más carga ni fastidio.

Nada serás.

Indulto

Diente a diente se clava la parca conocida,

dueña de mi vida, ejecutora de la orquesta

de turbadora sinfonía.

En el puerto desata los nudos:

estoy en el tumulto del mar abierto;

desde  lo hondo mira con los ojos del amor pasado,

del amor latente.

 

¡Montruo!¡Verdugo! Te insulto, y con algas te escondo,

pero tus ojos traspasan las redes de las deshuesadas palabras.

En la calma del náufrago, pasajero respiro de alivio,

filminas con perdón, con verdades caducas y tristezas acumuladas.

Sumido en esta prisión helada me ahogo en el deseo de liberarme,

siendo al fin Uno, entre tus brazos,tuyo.

 

 

 

 

 

Monumentos-invisibles- combativos

Plagada de dientes muerde la madrugada.

Despoja con agua fría la vitalidad del cansado.

 

Con  el desperezarse del alma ya ni esperan  el alba.

Crecen,  pero no se dan cuenta, Ellos… continúan.

Ya sus raíces son troncos y sus troncos raíces,

ya se funden con la mañana helada, ya son el mismo sol.

Rabían como caballeros en su cruzada:

Mismo Dios, Destino aciago, Patria lejana, ajena.

 

Las sombras son, y se perfilan henchidos de coraje.

Se convierten en dueños de la Tierra, en hijos y Padres.

-Qué hable uno

  (Cantan todos).

En hileras negras desfilan– ¡Oh Titanes!-, transparentes pruebas

para el mundo de que las madrugadas son tejidas por rotos sueños,

muertas piedras.