Érase una vez 21 millones de personas en la ráfaga de hormigón y cemento que los sepulta

entre el humo y sus alientos se ahoga uno y todos los niños,

ahí se ahúman las pieles blancas y pálidas que todos llaman amarillentas.

Dejad que las rosas florezcan en los jardines y el sopor las torture hasta el incendio,

este sol gris de maledicencia nos haga sudar los pubis

y  nos remuerda la sed en las gargantas,

y ningún beso nos sacie, por los labios partidos, por la boca seca y el escupitajo.

Solamente el mosquito con sus mil enfermedades

quede libre de pasar sed en este campo aislado

donde los cuerpos y sus figuras se retuercen en los 30 centímetros cuadrados de la serpiente Sub-bajotierra-hemos llegado:

unos contra otros, asfixiados, lacerados por dentro y por fuera

y sonriendo bobalicones frente al ay-manzana de tres sueldos.

Pero mi línea es la línea uno, algún significado de que es la mejor,

donde la ansiedad por no llegar tarde me roba el sueño y me presiona la sien con el regaño imaginado

adentro entre los riñones y lo que será mañana con el crowded=hen3 ji3(很挤),

muchas personas, todas juntos-as, muy lleno de la palabra usada en todas partes por todos y contra todos.

Oh, viejo, de mil arrugas, lleno de agujas y punzadas,

camina a cuclillas y enseña al niño

para que defeque bien,

y luego vístele de rojo, que aprenda todas las palabras y el radical del dragón,

pero apártate de mi camino, que me bajo aquí, adiós muy buenas y a correr de nuevo.

 

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