I

 

Detrás del nombre más vulgar

se esconde

inmensa

la sardina de río con cola plateada

que ondea brillante mientras la luna mira la boca del pez.

Ve cómo se sacia en medio de la cuaresma

su estómago hambriento:

El Deseo

en pez, en río, satisfecho

con los muslos torneados mira la inmensidad de la noche

y todo el mito se convierte en vigilia

y con las manos desmigajo atento, cuidadoso, como la lana

tu barba, tus labios, tus nalgas redondeadas y la voz

que se mece en mis oídos

declamando en trance un mantra para

Iseo ,Iseo,

y a mí mismo desconsolado

en el pánico de lo más bello:

¡El hombre, dios mío, el hombre hecho a tu semejanza!

 

                    II

 

Solo te veré una vez en la vida.

Así, como un vahído, un segundo y toda la emoción

y todo después no será pérdida sino pestañeo.

Y tú serás eterno, como los jóvenes desnudos en los versos de Constantino.

Serás, con nombre y rebautizado, imagen eterna en mí custodia,

señor de poco tiempo y lo que dura un brindis;

porque sólo te veré una vez en la vida, con tu bello

suave en los muslos, con mi beso en tus lindes,

la libertad de tu cuerpo recogida en mis manos,…

Y con todo, tus ojos se desdibujarán de  un día  a otro

con la oscuridad que se cierne sobre todo rostro.

 

                           III

 

Me imagino que vives conmigo y no duermes en el sofá,

que tus ojos en vez de permanecer abiertos toda la noche

imbuido en estrellas lejanas con voces espirituales

escuchan mi corazón palpitando a tu lado y retumbando con el tuyo,

descompasados, tranquilos, llenos de compañía y el placentero cansancio después del sexo.

Imagino que tu pierna abraza a la mía y mi cuerpo se amolda al tuyo

sin que sientas el fastidio de lo ajeno, ajenizado por ti y tu soledad de sombra y sombrero.

También pienso en tu viaje, en la lejanía y cuando el sol se ponga por donde estés tú.

Que harás más extraño todo esto aunque solo te haya visto una vez en la vida.

Entonces, como ajeno al mundo y a ti mismo, te llamaré anhelante cuando me masturbe

y en un grito contenido expulsaré todo el fervor de mi nostalgia, inmaculada,

con su dosis de tristeza, para notar que eres inalcanzable y te rozaré solo con la memoria.

 

                         IV

 

Ahora que te has ido, no hay aliento

y los días desde el lunes son perros famélicos,

y en el domingo te invito a echarme tierra.

Pero todo es un drama, demasiado drama, porque seguiré cerrando la puerta de mi casa

para que no entren los ladrones.

Y leeré por segunda vez, por tercera vez, ese cuento con este mismo final.

Admiro su calidad y estilo, y tus ojos  y tu boca de galán

se desbordarán desde la descripción la primera página

mientras intento sacar plumas de la espalda para

irme contigo, en tu ascensión a ninguna parte,

contigo a donde estés, en cualquier horizonte de ruidos y rascacielos,

pero lo único que conseguiré es escribir tu nombre sobre el papel.

Retenerte en el cielo de la hoja en blanco cinco segundos más

y sin sentir tu respiración, tu voz llena de sentido,

más bien un disgusto que me tuerce el gesto…

La incomprensión me tiene en este estado;

Sin libro, ni alegría, si ti, ni tu nombre

y no sabiendo qué hacer. Te odio poco  a poco

cuanto más te echo de menos.

No sé que serán mis noches sin ti,

y mis buenos días se irán contra la pared,

porque no sé hablar más tu idioma,

tus caricias no pueden ir y venir como las mías

porque yo soy joven e ingenuo, enamoradizo, y un poco imbécil,

y siguen siendo mis primeras veces,

mientras que tú tienes más segundos platos.

No se podrá, digo, doblar el océano y plegar tu alma contra la mía,

así como los niños juegan juntos

y no quieren irse a sus casas,

asimismo quiero quedarme contigo

y si nos vamos a alguna parte

que sea a una casa bien hecha con nuestra voluntad

y, seria presuntuoso llamarla amor,  pero con algo de eso también.

 

 

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