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¡¿Qué no sabemos amar?!

 

Vivimos en la rutina de la amistad, el trabajo y el alcohol.

Sí, hacemos todo eso y amamos como niños pequeños

sin las consecuencias tan malignas de vivir para pensar en mañana,

o en la semana que viene y la próxima crisis.

No pensemos en la familia numerosa

o la ansiedad del coche,

la casa y la herencia de nuestra muerte.

 

El hombre ya sabe decir sin miedo

lo que ama, pero también dice lo que le da miedo.

Y todo nos da miedo,

excepto si tenemos a nuestro lado una mano

a quien tender,

porque volvemos a ser Adán y Eva

sin dios castigador.

 

En este vasto mundo para nosotros

nos colmamos de regalos:

Somos epifanía.

Narcisos del espejo

que debemos encontrar

en lo más hondo

de nuestra carne dolorida

tanta belleza

que

nos haga buenos,

inmensamente buenos.

 

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