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¡Ven y pósate en mi mejilla,

con todos tus suspiros y tus ahogos!

 

Soy capaz de aguantar tus días tristes

y esa desolación que todo hombre

tiene entre uñas y huesos.

Puedo tejer cuantos cuentos quieras

para decirte lo que sabes tan bien.

Que tiene vida y va corriendo descalzo

ese rumor cotidiano que sale de las cosas,

que poco a poco  trepa por tu pecho

hasta caer tan hondo en tu centro polifónico;

Allí retumban tambor y dinosaurio.

Son las palabras  que insignificantes,

desnudas y puras,  buscan decir

un poco de ti. Y mi lengua que dice más.

Y más adentro a donde no sé si llego

y no sé si llegas, pero donde estás tú.

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