En guijarro caen las tres torres

porque su reflejo las superó en grandeza;

Tomaron posesión de sus vidas y con su

virilidad en el pecho flamearon ardientes.

El gemido  hizo eco en los arcos, triunfantes.

Se arrodillaron las manos de los colosos

en la maraña imprevista del tejido,

componiendo con los dedos

un exhalar ininterrumpido :

jalar, tomar, rasgar, atragantar…

pura memoria de los verbos

que se queda en símbolo y otro tanto,

no tan lejos, en la preñez del reflejo.

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