Desmenuzarte en aras de un segundo

de unión, y descubrir que te desgranan,

que sólo te quitan arena para dejarla volar

al viento. Poco a poco te desmenuzan

sin posibilidad de retorno.

 

Pero no seas orilla, no seas quien note

el mar en los labios y sus frecuentes partidas.

Deja ya mal puerto que  te avasalla con mil anclas,

hiende tu quilla al viento

y déjate llenar las velas.

Porque has de ser bravo viajero

Entre olas, plata y cielo.

 

Roba alas al albatros, nuevo príncipe del mar,

que has de escabullirte entre la espuma vivaz,

y engendrarás fértil un séquito puro

que no ha de saber más

que estuviste varado

sin ansias de zarpar.

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