Los ojos en blanco como lienzo  virgen.

 

Visito las casas y todo un vecindario,

de una en una hago fogata.

Y leo en el humo la soledad que me lleva:

las ascuas se elevan y sonríen mi privilegio.

Y llueve luego, y en el chaparrón quedo disuelto

como un líquido negro quedo tendido.

Inútil esencia en la ceniza y carbón.

 

Tu desde lejos miras y sonríes, y te llevas

la última brizna de ardor para alumbrar tu camino.

Y te llevarás acaso mi olor a humo, humedad,

algún palpitar de sangre, alguna pizca de calor.

Sin fuego ni luz ni los ojos con que me sonreías

me elevo hecho Cíclope, hecho otro.

Monstruo  que ya no titubea reconociendo su ocaso

y abandonando cuanto fue vil ilusión, vivo la noche

sin fin.

Anuncios