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Serpiente agazapada en su espalda

mira cómo aquella estatua

no deja que su mirada baje al suelo

sino que se ciega mirando al Sol, mirando al cielo.

Escucha  venenosa y mortal diosa,

que en tu lengua cifras las vidas

como tu presa canta alabando

su cobardía, animalillo encarcelado en barrotes

de delirio; es felicidad la suya que cree que está a salvo.

Pero tú has de retorcer con todos tus anillos

y decirle con furia, dolor y colmillos

¡Mira, que esto no es el Paraíso!

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