Cómo no decir de los nombres horrendos

son dioses de culturas pasadas, íntimas

bromas de pescadores o caprichos del hombre.

Herederos risueños de casas

                                                                                                                      con patios familiares,

señoras y señores que compiten

con los jarrones y sus rosas de plástico.

No tendréis torres de marfil o hierros solemnes,

como sombras de culto

o carbón en exposición.

Pero tenéis aparte de nombre

el humor de las cosas pasajeras

que llenan el aire de frutas desde el Génesis prohibidas.

Invadan , sujetos e individuas, con sus nombres

de cosas, de planetas, de flora,…-¡que envidia!-

todos los campos ,

las plazas …

y desde los balcones lancen

la miel matutina

fresca desde vuestra piel

y vuestras venas.

Sus nombres

Son don de Alegría.

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