La noche me restriega la afabilidad del frio

y comento con la lluvia y el caballero

de capa y espada

-en una balanza el corazón-,

 

qué más peso tiene en un trozo de carne.

Y por más que engañarme intente, fue un beso

el mayor enemigo de los labios y el pecho.

 

Al elegir los incontables besos que caben

en una camisa de caricias y fotos viejas,

hallé sin más remedio en las sabanas pasadas

tres pares inolvidables.

 

 

Beso blanco de ternura, núbil hijo de Cupido, el tuyo.

Beso oscuro de tabaco y café, Hades amigo eterno, cotidiano.

Beso críptico, de la palabra, hijo de Baco y compañero de Apolo, el que en todos busco

y por segundos en alguno recreo.

 

 

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