Plagada de dientes muerde la madrugada.

Despoja con agua fría la vitalidad del cansado.

 

Con  el desperezarse del alma ya ni esperan  el alba.

Crecen,  pero no se dan cuenta, Ellos… continúan.

Ya sus raíces son troncos y sus troncos raíces,

ya se funden con la mañana helada, ya son el mismo sol.

Rabían como caballeros en su cruzada:

Mismo Dios, Destino aciago, Patria lejana, ajena.

 

Las sombras son, y se perfilan henchidos de coraje.

Se convierten en dueños de la Tierra, en hijos y Padres.

-Qué hable uno

  (Cantan todos).

En hileras negras desfilan– ¡Oh Titanes!-, transparentes pruebas

para el mundo de que las madrugadas son tejidas por rotos sueños,

muertas piedras.

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