Se enciende la débil llama.
Arremetes contra mí o contra mi alma:
los besos saben a la pasada luna,
irreconocible con su cara oculta.
Cantas a tu manera el romance,
en la noche caballero  tu cuerpo canta,
tal vez sean tus entrañas, tal vez…;
sumido en el extranjero ensueño,
evado y malaprecio
los regalos en las sábanas del lecho.

La frialdad de lo prohibido, ausencia en  ti escamoso ser
En momentos,  Piedad y Compasión batían sus alas,
guardas de un retrato de alimaña.
¡Orfebre cerebral, hilandero de locuaz filosofía,
desmiente el patetismo de tu mirada!
¡No parpadees!
¡Sé humo!
No lo consIgues,
aun peor, más  te enredas
en el descame  sin atractivo.

Tal vez no tenga ningún nombre concreto,
un adjetivo ligado entre dedo y dedo,
la bocanada que, repleta,
devuelve al suelo el pie del hombre;

pero las briznas suplican atentas
que sean arrancadas por la mano fuerte
los labios se tuercen en inmudable gesto
y se empañan los ojos
con el rastro de TI,
de tu pecho, fulminante destello
que deshace al muerto, al loco.

Y dejo que la nostalagia no me lleve
por sentirme en brazos tan ajenos.

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