-Recubres el pelaje con el cuero del vencido, importunas

a la muerte con lamentos sin tener heridas;

alzas monumentos al buen tiempo, y lloras para no aburrirte..

Desquicias los dientes en sus rieles

atemperas en su cauce al magma candente

y a la siringa la haces, del amor,  su sepulturero

callas a las bestias, y en el nido matas al bastardo

-añade mas locura a la vida, Heráclito!-,

descarnas al aire y lo dejas en espanto

para colmarte con su llanto que es tu propio llanto.


Y caes por caer, por visitar el crudo abismo,

y caes por volver, porque en el eres

y en el naces, y no creces, porque ahí pierdes,

ahí olvidas: ahí nace de la vida la ilusión,

en la inacción te pierdes,

en vivir ausente, sin sentido, sin emoción,

destruyendo soledad; deléitate

sabiéndote su rey,

y acata sus leyes sin más freno que la laxa

acritud del inmoral que se diluye en lo moral.


Seguirás cayendo repetidamente

por  el pétalo marchito de la última flor

que dice, rompiendo tímpanos, <<No te quiere>>.


-No, no vuelvo…

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