Nacisteis con más ojos que nueve,

 la regencia del Mundo en vuestra frente

sosteníais , ¡Titanes!, el Futuro a espaldas;

  todas las posibilidades  con la mirada.

Vuestros pies bañados por la reina

de los tesoros:

Una Ninfa, una ciénaga,

verduga farsante, sin caperuza,

sonriente, decapitadora.


Gloria en un segundo,

para vuestros días, nada.


Sometidos al inclemente sonreír,

pisáis la almohada y eleváis

los dientes a estrellas:

¡Andáis por un mar de huesos!


Desherbad la impudicia,

cosechad maldad

engarzada en el hilo cotidiano

De  Muerte de Verdad.


El mar acogedor

irrigará vuestros errantes ojos

y de vuestras manos limpiará

lo que en silencio,

agraviando a la sangre,

a la Tierra y al polvo,

masticaís en los charcos,

parcelas que no ofrecen rostros.


Naced, acabad con todo: Renaced,

pero no neguéis.

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