Dirás que el cielo ya no te guiña sus ojos

 que no es calor el humo después de la tormenta.


Dices que lo que se rompe ya no tiene vuelta

que lo que decías sentir  era frágil porcelana,

que los aullidos de los gatos son familiares

y el rugido de mi boca no acuerda con tu voz.


Digo que el cristal es roca, y las tormentas borran,

pero llaman al  sol.

Que la porcelana es delicada

pero cálido  el león.


Dije:

ya no importa si el cielo es ciego,

sólo que nos marchitamos,

y marchamos,

indiferentes, y mudos

hacia donde no nos quieren.

Anuncios