Saldrá cuando no la esperes

la sensación de triunfo;

tal vez la encuentres en una despedida,

en aquel sueño de infancia

en que veías a todo el mundo

desenmascarado

y no eran horribles.


Descorcharás el olvido:

 desatarás tus tentaciones enteras

desde las que, en cárceles,

no pudieron ser libres

hasta las que aprisionaron

unos demasiados  “tus”,

demasiado ajenos.


Desenfundarás los cantos,

 te defenderás con poesía.

Apostarás por el amor,

aquel que jamás nadie escribió,

aquel que jamás nadie escribirá.


Dirás:

rompedme el pecho,

traspasad mi ceguera,

silenciad a dios,

Matad al insecto

que por las entrañas

de fierro y carne

inutiliza la vida.


No te darás cuenta,

pero en una pisada atravesarás

la visión de todos;

 quedará sólo

el cuerpo viejo,

remedo de culebra.

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