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Ya no es sino plumas

el pájaro

que convertido en calavera de un fantasma

vaga   de confín a confín.

En algún tiempo,

que ya no recuerda,

le pusieron nombre.

Tal vez Beatriz,

quizás fue un niño,

y entre el fuego

le llamaban Darío.

Los restos de su ser le responden

como ecos sin voz,

sólo conciencia:

fuiste demonio

y Némesis cantan aún

los yertos labios

de los protagonistas

en su escena final.

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