Morning Sunshine! o Recreación damasiana en Beijing

Érase una vez 21 millones de personas en la ráfaga de hormigón y cemento que los sepulta

entre el humo y sus alientos se ahoga uno y todos los niños,

ahí se ahúman las pieles blancas y pálidas que todos llaman amarillentas.

Dejad que las rosas florezcan en los jardines y el sopor las torture hasta el incendio,

este sol gris de maledicencia nos haga sudar los pubis

y  nos remuerda la sed en las gargantas,

y ningún beso nos sacie, por los labios partidos, por la boca seca y el escupitajo.

Solamente el mosquito con sus mil enfermedades

quede libre de pasar sed en este campo aislado

donde los cuerpos y sus figuras se retuercen en los 30 centímetros cuadrados de la serpiente Sub-bajotierra-hemos llegado:

unos contra otros, asfixiados, lacerados por dentro y por fuera

y sonriendo bobalicones frente al ay-manzana de tres sueldos.

Pero mi línea es la línea uno, algún significado de que es la mejor,

donde la ansiedad por no llegar tarde me roba el sueño y me presiona la sien con el regaño imaginado

adentro entre los riñones y lo que será mañana con el crowded=hen3 ji3(很挤),

muchas personas, todas juntos-as, muy lleno de la palabra usada en todas partes por todos y contra todos.

Oh, viejo, de mil arrugas, lleno de agujas y punzadas,

camina a cuclillas y enseña al niño

para que defeque bien,

y luego vístele de rojo, que aprenda todas las palabras y el radical del dragón,

pero apártate de mi camino, que me bajo aquí, adiós muy buenas y a correr de nuevo.

 

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Encuentro y desencuentro en IV partes     

          

                   I

 

Detrás del nombre más vulgar

se esconde

inmensa

la sardina de río con cola plateada

que ondea brillante mientras la luna mira la boca del pez.

Ve cómo se sacia en medio de la cuaresma

su estómago hambriento:

El Deseo

en pez, en río, satisfecho

con los muslos torneados mira la inmensidad de la noche

y todo el mito se convierte en vigilia

y con las manos desmigajo atento, cuidadoso, como la lana

tu barba, tus labios, tus nalgas redondeadas y la voz

que se mece en mis oídos

declamando en trance un mantra para

Iseo ,Iseo,

y a mí mismo desconsolado

en el pánico de lo más bello:

¡El hombre, dios mío, el hombre hecho a tu semejanza!

 

                    II

 

Solo te veré una vez en la vida.

Así, como un vahído, un segundo y toda la emoción

y todo después no será pérdida sino pestañeo.

Y tú serás eterno, como los jóvenes desnudos en los versos de Constantino.

Serás, con nombre y rebautizado, imagen eterna en mí custodia,

señor de poco tiempo y lo que dura un brindis;

porque sólo te veré una vez en la vida, con tu bello

suave en los muslos, con mi beso en tus lindes,

la libertad de tu cuerpo recogida en mis manos,…

Y con todo, tus ojos se desdibujarán de  un día  a otro

con la oscuridad que se cierne sobre todo rostro.

 

                           III

 

Me imagino que vives conmigo y no duermes en el sofá,

que tus ojos en vez de permanecer abiertos toda la noche

imbuido en estrellas lejanas con voces espirituales

escuchan mi corazón palpitando a tu lado y retumbando con el tuyo,

descompasados, tranquilos, llenos de compañía y el placentero cansancio después del sexo.

Imagino que tu pierna abraza a la mía y mi cuerpo se amolda al tuyo

sin que sientas el fastidio de lo ajeno, ajenizado por ti y tu soledad de sombra y sombrero.

También pienso en tu viaje, en la lejanía y cuando el sol se ponga por donde estés tú.

Que harás más extraño todo esto aunque solo te haya visto una vez en la vida.

Entonces, como ajeno al mundo y a ti mismo, te llamaré anhelante cuando me masturbe

y en un grito contenido expulsaré todo el fervor de mi nostalgia, inmaculada,

con su dosis de tristeza, para notar que eres inalcanzable y te rozaré solo con la memoria.

 

                         IV

 

Ahora que te has ido, no hay aliento

y los días desde el lunes son perros famélicos,

y en el domingo te invito a echarme tierra.

Pero todo es un drama, demasiado drama, porque seguiré cerrando la puerta de mi casa

para que no entren los ladrones.

Y leeré por segunda vez, por tercera vez, ese cuento con este mismo final.

Admiro su calidad y estilo, y tus ojos  y tu boca de galán

se desbordarán desde la descripción la primera página

mientras intento sacar plumas de la espalda para

irme contigo, en tu ascensión a ninguna parte,

contigo a donde estés, en cualquier horizonte de ruidos y rascacielos,

pero lo único que conseguiré es escribir tu nombre sobre el papel.

Retenerte en el cielo de la hoja en blanco cinco segundos más

y sin sentir tu respiración, tu voz llena de sentido,

más bien un disgusto que me tuerce el gesto…

La incomprensión me tiene en este estado;

Sin libro, ni alegría, si ti, ni tu nombre

y no sabiendo qué hacer. Te odio poco  a poco

cuanto más te echo de menos.

No sé que serán mis noches sin ti,

y mis buenos días se irán contra la pared,

porque no sé hablar más tu idioma,

tus caricias no pueden ir y venir como las mías

porque yo soy joven e ingenuo, enamoradizo, y un poco imbécil,

y siguen siendo mis primeras veces,

mientras que tú tienes más segundos platos.

No se podrá, digo, doblar el océano y plegar tu alma contra la mía,

así como los niños juegan juntos

y no quieren irse a sus casas,

asimismo quiero quedarme contigo

y si nos vamos a alguna parte

que sea a una casa bien hecha con nuestra voluntad

y, seria presuntuoso llamarla amor,  pero con algo de eso también.

 

 

PRIDE

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¿Dónde están los hombres a los que amé?

¿Esparcidos sus cuerpos sobre el deseo?

Donceles, reyes de barrio y suburbio,

llamas  y brutalidad del amor desbocado,

sementales y lloricas cantando en sus sueños

luminosos, más que cárnicos, casi divinos.

¿Dónde dejaron el ladrido del perro que ladra a la luna en celo?

¿En qué sabanas humedecen sus líquidos calientes?

¿Con qué nombre desaparecieron mis odas?

Miguel, Iván, Aarón,…

¿Dónde estáis fugaces amantes?

Límites de mi sexo y mi dulzura,

protagonistas de vosotros mismos y

mis recuerdos insanos e impúdicos.

¿Dónde ejercí mi supremacía,  sobre qué pezón?

¿Sobre cuántas primaveras fecundas de músculo

y escalofrío?

Dónde están, me pregunto, sin nostalgia

ni sombra que me cubra los dientes.

Aquí yazco, pleno de vosotros con la estela

sobre mi sien y mi corazón

completo  de sangre y vitalidad

porque las flores son bellas y duran apenas unos días

y con los días voy también,

y con vosotros camino

como una clase marginal resurgida con derechos,

alardeando del amor, el deseo y el sexo

con la alegría de nuestra virilidad

aumentada de dos en dos

hacia los campos

elíseos,

a los campos de la fiesta y la purpurina

a una gran pista de baile para nuestras caderas

y nuestras lenguas,

y todo cuanto escondíamos.

Me he enfermado

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Me he enfermado.
Hoy no me levanto de la cama.
No cumpliré mis oblaciones de persona estándar.
Nada de hacer la comida con antelación,
de limar las horas para encajar las actividades.
No iré al supermercado,
¡Ni hablar de aprender inglés
para-tener-igualdad-de-condiciones-laborales!
Puedo decir, elocuentemente, que fuck you!,
pero me sale mejor en español y con más sentimiento.

Se acabó lavar la ropa,
separar, buscar la mancha y
frotar.
Qué castigo el desgaste de estos pantalones
ya viejos
que no sirven.
Nada me preocupa hoy
porque estoy enferma.
Estoy en pausa.
No leeré.
No habrá música.
Nada de hablar con la vecina.
Ni siquiera dormir,
que con tanto disparate
a veces cansa más que estar despierto.

Tomo una pausa, respiro hondo.
No quiero que suceda nada
mientras me fundo lentamente
para quedar aplastada bajo el peso de
los pensamientos y lo que,
miserablemente soy yo,
o, mejor dicho,
lo que vergonzosamente soy,
y me puede
y me postra
y me enferma.

Ningún abrazo es innecesario

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El aliento encogido como los puños apretados.

Tú, tu nombre, tu cintura y el miedo compartido.

Hay algo fuera que nos ronda como un buitre,

huele esta piel de gallina llena  de escalofríos;

Tal vez sea un gavilán y  quiera

apretar nuestros cuellos con su encía hambrienta.

Simplemente atemoriza,

con la sombra de sus alas que nos empaña la cara.

No te abrazo porque tengas frío

sino para compartir este castañeo de dientes,

para que pongas tu cabeza en mi hombro

y nos acariciemos la nuca.

 

Lo que nos sobra

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¡¿Qué no sabemos amar?!

 

Vivimos en la rutina de la amistad, el trabajo y el alcohol.

Sí, hacemos todo eso y amamos como niños pequeños

sin las consecuencias tan malignas de vivir para pensar en mañana,

o en la semana que viene y la próxima crisis.

No pensemos en la familia numerosa

o la ansiedad del coche,

la casa y la herencia de nuestra muerte.

 

El hombre ya sabe decir sin miedo

lo que ama, pero también dice lo que le da miedo.

Y todo nos da miedo,

excepto si tenemos a nuestro lado una mano

a quien tender,

porque volvemos a ser Adán y Eva

sin dios castigador.

 

En este vasto mundo para nosotros

nos colmamos de regalos:

Somos epifanía.

Narcisos del espejo

que debemos encontrar

en lo más hondo

de nuestra carne dolorida

tanta belleza

que

nos haga buenos,

inmensamente buenos.

 

Hay lugares hasta donde no llega la poesía

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Creo que a veces no puedo escribir

sobre las cosas que más me espantan.

 

La poesía no está para expresar la rabia

ni la ira.

Sirve más para el dolor.

 

No puedo escribir versos

sobre otros.

Es injusto, insensible, anti-poético.

 

Ante lo que sufren otros solo me queda el silencio.

 

La poesía no les quita el miedo,

ni les devuelve la vida.

 

Mejor guardo silencio.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XII

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¡Ven y pósate en mi mejilla,

con todos tus suspiros y tus ahogos!

 

Soy capaz de aguantar tus días tristes

y esa desolación que todo hombre

tiene entre uñas y huesos.

Puedo tejer cuantos cuentos quieras

para decirte lo que sabes tan bien.

Que tiene vida y va corriendo descalzo

ese rumor cotidiano que sale de las cosas,

que poco a poco  trepa por tu pecho

hasta caer tan hondo en tu centro polifónico;

Allí retumban tambor y dinosaurio.

Son las palabras  que insignificantes,

desnudas y puras,  buscan decir

un poco de ti. Y mi lengua que dice más.

Y más adentro a donde no sé si llego

y no sé si llegas, pero donde estás tú.

La espera

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Tal vez esté pensando en qué decir…

Quizás trabaja demasiado y por eso no viene…

Y con toda la esperanza, la mano se retuerce en el pecho.

Tantas noches en la penumbra

diciendo «¡el que llora no soy yo!».

Y el pájaro que entró por la ventana

e hizo del techo un pequeño cielo…

A quién se lo dirás, si allá tan lejos

nadie responde.

Y te peinas, y te vistes,… deja los colores,

deja al labio que se abrase lentamente

y que las mejillas estén cada vez más lívidas.

¡Para qué  nada si no es para nadie!

Hoy que el día sea un plato menos.

Menos fuego a la cocina,

Flores de plástico y   de  desayuno

un café bien negro.

O flores de papel…

mejor las ventanas cerradas

y simplemente papel.